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Que el nuevo año se sienta como el abrazo más anhelado.

Imagen tomada de Pinterest

 

Algo sucede cuando pasamos de un año a otro, como si en términos normales no fuera un día más del calendario.

Existe magia en los nuevos comienzos, es como si al empezar un año, automáticamente todo pudiera ser posible y justo este año termina un domingo, por lo tanto, el mes, la semana y el día inicia desde cero en el 2024.

 

Casualidad o no, ya empezamos a mirar hacia adelante donde está todo:

  • Lo más profundo y lo más trivial, pero también pensamos en lo que fuimos, en lo que vivimos o entendimos, porque mirar atrás también sirve para saber agradecerse.

 

  • Pensamos en los tiempos difíciles que se sintieron como un tsunami y que al final nos ayudaron a valorar los días buenos, los días de calma.

 

  • Pensamos en lo valientes que fuimos: superamos un miedo, enfrentamos una enfermedad, nos supimos sostener con fuerza ante la marea. Entendimos que todo tiene su tiempo, que todo es una temporada y al final, como la primavera, empezaremos a florecer.

 

  • Pensamos en las veces que nos perdimos y luego nos encontramos. Aprendimos que muchas veces nos tocará prender fuego, ir más livianos, buscar un camino y empezar de “cero” y que, esto no significa que retrocedimos, significa que vivimos.

 

  • Pensamos en que la vida, en ocasiones se parece a una torta. La observamos, la pellizcamos por los lados, curioseamos qué tiene por dentro, a qué sabe y solo hasta probarla y llegar al centro, a lo profundo, lo sabremos.

 

  • Pensamos en las palabras, en el amor, en el humor, que se convierten en puentes para encontrarnos con el otro, pero también en el silencio, en la quietud, en las conversaciones donde no se necesita de palabras, porque ya entendimos que, cuando nos alejamos del ruido, podemos escucharnos más.

 

  • Pensamos en las veces que estando rotos, decepcionados o cansados, le dimos luz y fuimos arcoíris en la vida del otro, sin saber que así, también sanaríamos nosotros.

 

  • Pensamos, pensamos y volvemos a pensar, pero esta vez, no desde la angustia o la desesperanza. Pensamos desde la gratitud, desde la alegría de poder terminar un año en el que no nos quedamos con nada.

 

Ya sabemos que no todo está resuelto, ya sabemos que las olas a veces parecerán más grandes que una montaña y ya sabemos que la vida está llena de detalles, de pequeños espacios de luz, de cicatrices que van quedando como un recuerdo, de intentar, de no apurarse.

 

Al 2023 le quedan horas, pero al 2024 le falta toda una historia por escribirse.

Que el nuevo año se sienta como el abrazo más anhelado, que siempre pensemos

que todo es posible todavía.

Que lo cotidiano haga de nosotros una vida extraordinaria.

 

Los queremos. ¡Feliz 2024! y gracias por leer.